He aquí un discurso de un conocido político, que es presentado como abstemio, abnegado, desinteresado en sus esfuerzos por su patria, ejemplo de autosacrificio político, que ha hecho desaparecer del Estado cualquier resquicio de castas o clases. En esta exposición, insta a los jóvenes que le escuchan con admiración a que sus acciones y ambiciones sean desinteresadas. Como es algo largo, aquí van algunas partes, con un breve comentario:
Representáis algo que está ocurriendo en todas las partes de esta nación, y queremos que os embebáis de todo aquello que nosotros (los gobernantes) anhelamos para ella (la nación).
Sin duda, con este inicio pretende hacer apología de las ideas que su partido trae al poder. Se trata, por tanto, de una declaración de principios, algo de lo que muchos políticos hogaño no pueden presumir. Lo que está ocurriendo en la nación es que las masas se movilizan a favor del nuevo gobierno, que pretende restablecer el orgullo nacional herido después de un Tratado que a nivel mundial dejaba a este país en muy abyecta, excesivamente humillante situación. En España, sin ser posible estar orgulloso de ser español, no ha existido jamás movilización alguna de apoyo a ideas que pretendan ensalzar el espíritu nacional (de manera voluntaria, libre), salvo, tal vez, las manifestaciones en pos de la instauración de la II República el 12 de Abril. Por otra parte, con embebáis
quiere decir que serán informados profundamente de lo que el Gobierno pretende de estos jóvenes. Ya nos gustaría a los que disfrutamos (si es que tal cosa fuera posible) de este sistema democrático saber a ciencia cierta qué busca, qué quieren, qué pretenden los políticos que nos quieren gobernar.
Queremos ser un pueblo, y, a través de ustedes, llegar a ser este pueblo, sin clases ni rangos sociales. No debéis permitir que estas acepciones (clases y rangos sociales) crezcan en vuestro interior.
Es evidente por esta declaración que se trata de un gobierno de izquierdas, socialista cuanto menos. No solamente no deben existir las clases sociales, sino que ni siquiera estas ideas se han de contemplar en el vocabulario de cualquier persona. Uno de los grandes errores de países socialistas fue el de erradicar a la clase poderosa para sustituir a las personas, no para eliminar los estamentos. En la URSS siguió habiendo miserias con el Régimen de Stalin, tantas como con el oprobio del Zar, y de la actual Rusia, hija del Estado comunista, brotan hoy día las mayores fortunas del mundo.
Queremos que el pueblo sea obediente, y debéis practicar la obediencia en vosotros mismos.
Se excede aquí el político en sus pretensiones, pero es justificado por la segunda parte de la afirmación. ¿Qué sería de la libertad sin obediencia a esa libertad? Diría Jean-Paul Sartre que estamos condenados a ser libres, estamos obligados a elegir. Viene a decir esta sentencia que la libertad sin voluntad ni consecuencia, sin acción, no existe, es una entelequia, un absurdo. Obedécete, no actúes según lo que otros dicen, según lo que la moral de los débiles de corazón te intenta obligar a hacer.
Queremos que este pueblo sea amante de la paz, pero, al mismo tiempo, sea valiente... Debéis ser amantes de la paz y fuertes.
Uno de los grandes errores del mundo actual es el amor por la paz. Sí, porque este amor sano, moral, que hace del respeto a la vida de los otros seres humanos una máxima, ha tornado en debilidad, en relativismo cultural, en mal llamada tolerancia, en definitiva, se ha convertido en socialdemocracia. La agresividad no está reñida con la paz, la defensa de los principios personales no difiere del respeto al libre pensamiento del otro. El miedo a la guerra, al conflicto, a la lucha, ha depauperado la democracia, su falta de violencia (verbal, no física) la ha lisiado. Decía Unamuno: Antes la Verdad que la Paz
Queremos que este pueblo no torne en blando, sino que sea duro, y debéis endureceros en vuestra juventud, para ésto.
¡Un político que es exigente con los jóvenes! A mayor exigencia, mayor respeto. Hace una crítica a la sociedad de su época, y exige a los jóvenes que cambien. ¿Por qué? Porque les ve capaces, porque son su fuerza, porque las situaciones se cambian con vigor, el de la juventud. Escuchad a los políticos de nuestro tiempo. Hablan de jóvenes como pobres desvalidos, para los que hay que rebajar el nivel de educación porque es demasiado duro, a los que hay que empujar porque están en silla de ruedas.¡Pues menudo aprecio, políticos de hoy y, por desgracia, mañana!
Debéis aprender a sacrificaros, a nunca veniros abajo.
Aun así, aun exigiendo que levanten a una nación en el subsuelo, les anima a sacrificarse, a no desfallecer, a ser fuertes mentalmente, a elevar el espíritu. Sí, Zapatero o Rajoy no pronuncian demasiados discursos tan directos. ¡Son débiles, pueden perder votos!
Todo lo que hagamos hoy, no importa lo que hagamos pasará al olvido, pero en vosotros, esta nación perdurará, y cuando nosotros no podamos mantener más la bandera que lloraremos desde la nada, vosotros debéis mantenerla firmemente en vuestros puños.
He aquí la muerte de la alienación religiosa. El pueblo no puede esperar al más allá. Decía Nietzsche: ¿Para qué iba a servir el más allá sino para ensuciar el más acá?
La eternidad se encuentra dejando huella, se debe luchar por lo que uno quiere, que en el caso de este país es su sentimiento nacional (muy fuerte desde su nacimiento). Y si no es por lo civil, es por lo criminal. ¿Tan radical es? El Constitucionalismo se basa, entre otras cosas, en el reconocimiento a la Milicia Nacional, es decir, a levantar armas en cuanto se viole la unidad de la nación. Por lo tanto, aunque con un lenguaje más directo, este enunciado está al alcance de cualquier político del presente.
Podemos analizar frase por frase, y estaremos de acuerdo con, por lo menos, algunos de sus presupuestos. Afirmamos sin ningún género de temor a equivocarnos que éste era un gran político. Sin embargo, ¿qué opinaríais si mi primeras palabras fueran éstas? El político del que voy a hablar es Adolf Hitler
. Le habríais colgado el cartel de malo y todo habría sido basura dicha por un genocida. No es culpa vuestra. Las enseñanzas que recibimos así nos lo dan masticado. Primero, se le pone una etiqueta a todo, y a partir de ahí, lo que hace una persona pasa siempre por el filtro de esa etiqueta. Todo lo que hizo Hitler fue malo, y todo lo que hizo Churchill bueno. No hago apología del fascismo, cuyo único error es haber nacido, pero Hitler hizo cosas buenas, tantas que en Alemania le votó un gran número de personas, e incluso judíos hicieron campaña por él en las elecciones de 1932. ¿Y si hubiera un contexto que justificara, aunque no en gran medida, el éxito de los fascismos en el periodo de entreguerras? O es, aunque sea escasamente justificable, o tan genocida es Hitler como cada uno de los que no se opusieron en principio a su régimen, ni lo tildaron de loco y lo metieron (por segunda vez) en la cárcel. Además, Dresde, una de las ciudades más bonitas de Alemania, fue bombardeada aun ya finiquitada la guerra, por pura venganza. ¿Quién ordenó el ataque? Sir Winston Churchill. ¿Para cuando enseñar que las cosas no son blancas o negras, que las etiquetas sólo nublan la vista y simplifican las cosas, y que simplificar es encarnizarse con el mundo, el objeto de nuestro conocimiento? ¿Por hacerlo más fácil de aprender? De eso nada. Mentira. No hay nada más falso que una verdad a medias. Churchill amigo, pero más amiga la Verdad
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