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Navidad, divino tesoro

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Han acabado, por fin, las fiestas navideñas. Pantagruélicas orgías (alimenticias y de otros tipos), consumismo infinito y racimos incontables de tópicos. Sí, tópicos, como feliz Navidad, ese mito urbano, esa leyenda que se ha ido corriendo de boca en boca. Navidad, divino tesoro (si no, preguntémoslo en grandes centros comerciales). Pero... ¿qué es Navidad, a cuento de qué viene?

Pues este fenómeno explica simbólicamente en qué nos estamos convirtiendo. Hemos perdido el sentido, el norte, la brújula, el oriente y el Oriente. A este último Oriente me quiero referir. ¡Ah, sí, Navidad es Natividad de Jesús de Nazaret! ¿No sería buen momento para retomar su mensaje? O, mejor todavía, parece buen momento para volver a la religión, esa religión que los religiosos han asesinado. ¡Qué paradoja! Como paradójico es que los revolucionarios comunistas antiburgueses se hubieran convertido en burgueses, como que los Estados laicos, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, vinieran a transformarse ellos mismos en religiones... Vivir para ver. Por favor, separemos política de religión y religión de política. Éste es un término que viene de re-ligare, es decir, de religarse con el Todo, lo Absoluto, el Uno, el Universo, Brahma, Dios, Tao, Yavé, Alá, en definitiva, volver a unirse con el Mundo. ¿Por qué lo rechazamos? Hablo en el contexto occidental, posiblemente el ámbito más negador de la religión (distingamos desde el principio religión y dogma) en todo el planeta.

La gran mayoría de renegaciones de la religión se da por despecho hacia la Iglesia Católica, y, por extensión, pues al fin y al cabo todas sus corrientes pertenecen a la misma raíz, hacia el Cristianismo. Ésto desemboca en la búsqueda de sustitutivos, que son o bien otras religiones o bien materialismo. La segunda vía es la triunfante, pero ha acabado por asesinar factores humanos como el amor, la moral (el sentido de la vida) y la libertad, que a mi modo de ver, es la capacidad, que no siempre cualidad, esencial del ser humano.

Desde que al ser humano se le entiende como un conjunto de células que hasta hace nada era un primate, el amor deja de tener sentido. Ahora es simplemente un instinto, que se puede dividir en dos: instinto sexual e instinto reproductivo, a los que podríamos sumar el instinto de protección. Para el que no lo haya pensado en estos términos: ¿Se asocia el amor con posesión que deviene en celos? ¿El amor y el sexo son dos caras de la misma moneda? ¿Se busca del amor nada más que la satisfacción de los tres instintos, quiero decir, de placer, conservación y compañía? ¿Existe la iluminación en el amor? Sin que nos hubiéramos dado cuenta, hemos llegado al borde del precipicio, y estamos a punto de empujar a nuestro arcaico amor con nosotros. Somos celosos, dualistas (separamos amor y sexo, sexo y amor), estamos animalizados (pura satisfacción de instintos) y, lo que es peor, conformistas. Somos agnósticos religiosamente. No intentamos conocer lo a priori incognoscible. ¿Por qué? Porque para eso hay que exigir y exigir-se, caminar por el filo de la navaja, subirse a un toro salvaje, correr sobre fuego eterno. Eso es el amor. Eso era.

Además, el sentido de la vida para nosotros ha desaparecido. Curiosamente, las religiones dualistas, en especial las monoteístas, tienen la culpa. Dándole un sentido a nuestra muerte con la invención del más allá, la vida en el más acá dejó de tener significado. El gran maestro Nietzsche dijo en su día el único cristiano que ha existido murió en la cruz. Es decir, el mensaje de Jesús fue deformado, y lo que es peor, nos ha llegado así tergiversado. El mensaje que nos llega es, por cierto, 300 años posterior a su paso por Oriente (Jesús nunca fue Occidental). En fin, estamos en peligro de perdérnoslo, y con ello, el sentido de nuestra vida. ¿Adónde va nuestra energía después de la muerte? ¿De dónde procede nuestra alma antes? Aunque yo tengo mi posición, no puedo defenderla en este terreno dominado por los movimientos sísmicos, terreno del sentido de la vida. En cambio, apostillo un mensaje: Si la vida no tiene sentido, es momento de que nosotros se lo escribamos en la frente. Dicho de otro modo: Lo que dota de sentido a nuestra vida es qué haríamos si nos dijeran que nos quedan pocos meses de existencia. Si lo primero que se os viene a la cabeza es dejar todo cuanto hacéis, esa vida no tiene sentido. Hoy en día, otro triunfo del materialismo, la Historia da sentido a nuestra vida, de modo que ser famoso eterniza. Si esto es cierto, la vida de Hitler tendría más sentido que la de Thomas Jefferson, por ejemplo. Si la Justicia existe, nuestra eternidad es la reencarnación, nuestra posteridad es hacer exámenes hasta matricularnos. En definitiva, el sentido de la vida es nuestra forma de afrontar la muerte, parte importante de nuestra vida, sea rezando, rogando o pasando a la Historia. Eso era.

Y la libertad. Divino tesoro. Pero la negación de la espiritualidad se la ha llevado. Vale, el determinismo está falseado por el genial (me quedo corto) Werner Heisenberg con su principio de indeterminación. Beatus ille que se contente con que no se pueden predecir nuestras acciones futuras porque las partículas tienen cierta variabilidad. Es más, me parece todavía más desesperante. ¡Todo ésto es puro azar!¡Heisenberg da sosiego, pero yo me niego! Las mentes ultracientíficas de ayer y hoy pueden decir que no hay pruebas para demostrar la existencia del alma. Si no me equivoco, nosotros mismos somos la prueba. Si la libertad no es un hecho evidente para las mentes claras,analíticas y científicas, me rindo. Parad el mundo, que me bajo.

Lamento la brevedad con la que este tema está siendo tratado, porque un tratado es, como mínimo, lo que se merece.

Una teoría. Jesús de Nazaret se pasó los 30 primeros años de su vida buscando a Dios, intentando conocer los misterios del Universo, es decir, creándose una religión. Seamos buenos cristianos y hagamos lo que él. Él no siguió dogmas, no creó religiones (fue Nicea) ni se dejó dominar por el pensamiento políticamente correcto. Sea pues. Venzamos la religión de nuestros tiempos, el materialismo (ahora en un sentido amplio). Vuelvo a Nietzsche: De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos. Si no amo, no soy, si mi vida no tiene sentido, no soy. Si no soy libre, me voy.

Tags: sociedad, navidad, religión, libertad

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